Barcelona

Desatan su ira como demonios furiosos y aún así, horas más tarde, el Sol sale una vez más; un niño llora; juegan los cachorros; un pollito lucha por salir del cascarón y sus padres no serán capaces durante meses de querer hacer nada más que cuidarlo; el cielo nos regala luz, nubes, viento, granizo, arcos iris, copos de nieve; y en algún lugar un anciano cuya vida se está extinguiendo cierra los ojos pensando no en lo que le espera a él sino en lo que les queda por delante a los que deja atrás. 

Intentan destruirlo todo pero la vida sigue, florece, se desarrolla, y lo acapara todo, porque la vida, que es el amor, es la única fuerza verdaderamente avasalladora del universo. 

No son nadie, ni un mal gesto ni una puta mierda junto a un camino que seguimos todos, embarcados en una aventura de la que esas almas perdidas no han querido o no han sabido o no han podido formar parte.

En algún lugar llora una madre, llora un hijo, llora un hermano. Pero la Vida sigue, triste e inquebratable, henchida de más vida, dejando un rastro fulgente en el espacio vacío de la Muerte, su marcha inexorable a la conquista del Universo.

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